Jorge Porcel: el hombre que hizo reír a millones y terminó lejos de los aplausos
Fue uno de los capocómicos más importantes de la Argentina. Protagonizó junto a Alberto Olmedo una de las duplas más exitosas del espectáculo, compartió pantalla con Susana Giménez y Moria Casán, llegó a Hollywood y trabajó junto a Al Pacino. Pero detrás del personaje que hacía reír a millones quedaron historias de infidelidades, romances clandestinos, conflictos familiares, acusaciones de maltrato y una relación compleja con sus propios compañeros. Sus últimos años transcurrieron en Miami, alejado de la escena y dedicado a la religión. Murió en 2006 y tuvo una despedida muy diferente a los multitudinarios aplausos que habían acompañado su carrera.
Jorge Porcel fue durante décadas uno de los hombres que mejor supo hacer reír a los argentinos. Su figura atravesó el cine, la televisión y el teatro, y su popularidad no quedó encerrada en las fronteras del país: también fue adorado en buena parte de Latinoamérica, especialmente por aquellas películas que protagonizó junto a Alberto Olmedo.
Durante los años setenta y ochenta parecía imposible imaginar el espectáculo argentino sin su presencia. Sin embargo, detrás de aquel personaje desbordante que aparecía frente a las cámaras existía otra personalidad, mucho más controvertida y que con el paso del tiempo comenzó a salir a la luz.
Quienes lo conocieron personalmente lo describieron, en diferentes testimonios, como un hombre egoísta, celoso y de trato difícil. Algunas figuras del ambiente artístico aseguraron haber padecido su carácter y otras directamente hablaron de maltrato, humillaciones o situaciones de acoso.
Pero la historia de Porcel no puede reducirse solamente a esas acusaciones. También fue la de un artista de enorme talento, un hombre que consiguió mantenerse durante décadas en la cima, que formó una sociedad profesional extraordinaria con Olmedo y que, cuando su carrera comenzó a apagarse en la Argentina, consiguió cruzar las fronteras y llegar incluso a Hollywood.
Su vida privada, mientras tanto, estaba llena de secretos.
El hombre detrás del personaje
Junto a Susana Giménez, Alberto Olmedo y Moria Casán, Porcel protagonizó una decena de películas que rompieron las taquillas. Fue una de las grandes figuras del cine comercial argentino y, en televisión, construyó una galería de personajes que quedaron instalados en la cultura popular.
Polémica en el bar, Porcelandia, La peluquería de Don Mateo y Las gatitas y ratones de Porcel fueron algunos de los ciclos clásicos en los que dejó su marca. Más adelante, ya en los primeros años de la década del noventa, llegaría La Tota y la Porota, junto a Jorge Luz.
Eran tiempos de ratings extraordinarios y de una televisión capaz de convertir a sus protagonistas en verdaderos fenómenos populares.
Pero fuera de cámara la imagen era diferente.
Entre las figuras que hablaron de experiencias negativas con Porcel estuvieron Georgina Barbarossa, Amalia “Yuyito” González, Camila Perissé y Sandra Villarruel. Cada una relató situaciones distintas y no todas las acusaciones tuvieron las mismas características, pero sus testimonios contribuyeron a instalar una pregunta que durante años circuló en los pasillos del ambiente: ¿por qué muchos colegas no querían a Porcel?
La respuesta no parece estar en una sola historia, sino en una sucesión de conflictos personales y profesionales que se fueron acumulando alrededor de una estrella que tenía un enorme poder dentro de la industria.
Olga Gómez, la mujer que le perdonó sus infidelidades
En medio de esa vida sentimental convulsionada hubo una mujer que permaneció a su lado durante más de cuatro décadas: Olga Gómez.
Se conocieron a comienzos de la década de 1950, cuando Porcel todavía no era famoso. Se casaron en mayo de 1963 y, veinte años después, adoptaron a una niña de tres años llamada María Sol.
Olga siempre mantuvo un perfil muy bajo y prácticamente nunca buscó protagonismo en los medios. Sin embargo, fue la persona que acompañó a Porcel durante sus años de mayor gloria y también durante su decadencia.
Según los relatos sobre su vida privada, Olga llegó a perdonarle numerosas infidelidades. Las revistas de espectáculos hablaron de distintos romances y, entre los nombres que aparecieron públicamente, estuvieron Carmen Barbieri y Luisa Albinoni.
Pero hubo una situación todavía más compleja: Olga también terminó aceptando que su marido había tenido un hijo con otra mujer.
El niño era Jorge Porcel Junior, fruto de una relación secreta que el actor había mantenido con Norma de Mauricio, una empleada de una peluquería.
Cuando Olga se enteró de la existencia del hijo extramatrimonial, el niño ya tenía seis años.
A partir de allí comenzaría una historia familiar que muchos años después terminaría ventilándose públicamente y que enfrentaría al capocómico con su propio hijo.
Jorge Porcel Junior y una guerra que llegó a los medios
Cuando Jorge Porcel Junior creció, encontró en los medios una manera de reclamar por la relación que había tenido con su padre. La controversia fue creciendo hasta que el propio Porcel tuvo que salir públicamente a responder.
En 1994, cuando ya estaba radicado en Estados Unidos, el humorista habló sobre la situación y defendió su posición.
“A mi hijo le regalé dos casas y lo mantuve hasta que cumplió 21 años. Si ahora no tiene plata no es problema mío. Todos vivieron de lo que le daba a mi hijo; ahora sería bueno que se ponga a trabajar”, declaró.
Por entonces, Porcel ya había comenzado una nueva vida en Estados Unidos. Había abierto un restaurante con éxito y también había conseguido algo que pocos artistas argentinos podían imaginar: participar de una película de Hollywood junto a Al Pacino.
Sin embargo, la versión de su hijo sobre aquella relación fue muy diferente.
En 2018, Jorge Porcel Junior volvió a hablar públicamente del vínculo con su padre y sostuvo que siempre había necesitado recurrir a abogados para que Porcel cumpliera con sus obligaciones alimentarias.
“Siempre mi padre necesitaba ser hostigado por abogados para que cumpliera sus obligaciones alimentarias. Nunca lo hizo por las buenas”, afirmó.
Porcel padre había dicho que le pasaba 2.500 dólares mensuales y que le había regalado un departamento en Capital Federal y una casa en Acassuso. Según su versión, esas propiedades habían terminado perdiéndose porque su hijo y su exmujer no pudieron hacer frente a una hipoteca.
Junior dio otra explicación.
“Las propiedades se las dio a mi madre, nunca me dio nada a mí, sencillamente porque yo era menor de edad”, aseguró.
También explicó qué había ocurrido con cada una. Una de las propiedades, según su relato, fue vendida para pagar una operación de su abuela materna por una eventración en el Instituto del Diagnóstico, en 1981. La otra casa, afirmó, la perdió su madre en 1989, durante la hiperinflación, después de sacar un crédito que no pudo pagar.
“Nunca tuve un inmueble a mi nombre”, reveló.
El reclamo, además, no era solamente económico. Junior cuestionaba directamente la manera en que su padre había ejercido la paternidad y expresó su indignación porque, según su versión, Porcel nunca había llegado a decirle: “Hijo, te doy una propiedad ahora que sos mayor de edad y arreglátelas”.
Su recuerdo del capocómico era particularmente duro: “Fue demasiado poco hombre y nulo como padre”.
Olga, María Sol y Ariel, esposo de la hija de Porcel, siempre salieron en defensa del actor y mantuvieron una postura reservada respecto de la herencia. La disputa entre padre e hijo terminó convirtiéndose en una batalla interminable.
Con los años, incluso se volvió un misterio qué fue de la vida de aquella familia que había acompañado al artista hasta sus últimos días.
Norma de Mauricio: la madre de su hijo
La otra protagonista de esa historia fue Norma de Mauricio.
Según el material que reconstruye su vida, nunca pudo superar el abandono y el desamor del padre de su único hijo.
Norma murió el 11 de julio de 2014, después de permanecer tres meses internada en el Hospital Municipal de Vicente López.
Su final estuvo marcado por una situación económica extremadamente difícil. En distintos momentos llegó a mendigar por las calles para poder pagar el alquiler y conseguir comida.
Mientras el padre de su hijo había llegado a ser una de las mayores estrellas del espectáculo argentino, la mujer con la que había mantenido aquella relación secreta atravesaba una situación de enorme vulnerabilidad.
Era otra de las contradicciones que quedaban escondidas detrás de la fama de Jorge Porcel.
Las amantes y los rumores
Porcel nunca ocultó demasiado su condición de mujeriego y, en diferentes momentos, llegó a reconocerse como tal.
La lista de mujeres famosas vinculadas sentimentalmente con él fue extensa, aunque no todas esas historias tuvieron confirmación.
Uno de los nombres que apareció en rumores fue el de Graciela Alfano, pero la propia actriz salió en distintas oportunidades a desmentir esa relación.
En otros casos, en cambio, las protagonistas hablaron públicamente de sus romances y dejaron testimonios mucho más concretos.
Entre ellos estuvieron Carmen Barbieri y Luisa Albinoni.
Carmen Barbieri: un romance que desafió a la familia
La historia de Carmen Barbieri fue probablemente una de las más escandalosas de la vida sentimental de Porcel.
Ella tenía apenas 20 años. Él, 40.
Porcel era amigo de Alfredo Barbieri, también actor y padre de Carmen. Además, conocía a la joven desde que era una niña.
Según los relatos de aquella época, el romance comenzó durante el verano de 1977, mientras ambos compartían cartel en El Maipo de gala.
Porcel ya era una figura consagrada. Carmen todavía estaba construyendo su carrera.
La relación se mantuvo durante aproximadamente dos años y buena parte de ese tiempo se vivió en secreto.
Cuando Alfredo Barbieri se enteró del romance, el conflicto familiar habría sido enorme. Durante años circuló incluso una versión según la cual el padre de Carmen habría baleado el automóvil de Porcel frente a su casa.
Sin embargo, ese episodio quedó en el terreno de las versiones. La madre de Carmen llegó a desmentirlo, aunque varios actores de aquella época aseguraron posteriormente que el hecho había ocurrido.
Lo que sí quedó registrado fue la opinión de Ana, la madre de Carmen, sobre Porcel. Para ella, el actor “era una porquería”.
A pesar de la oposición familiar, el romance continuó.
Carmen se había enamorado.
“Yo con ese hombre hubiese tenido hijos si no me hubiera dejado, porque volvió con su mujer; hubiera armado una familia con Porcel”, contó años después.
La actriz explicó también qué la había atraído de él: “Tenía todo lo que yo necesito para enamorarme: cantaba bien, era un gran músico, un buen escritor, un buen director, un excelente cómico”.
Porcel también le regalaba libros y ambos hablaban de pintura.
“Un hombre muy inteligente”, lo definió Carmen.
Y años después reveló una intimidad de aquella relación que probablemente pocos conocían.
“Él no quería mostrar su cuerpo y la primera vez me pidió que vaya al baño para que él se desnude. Fue una cita rara y me enamoró más”, recordó.
Luisa Albinoni: seis años de una relación clandestina
El romance con Luisa Albinoni fue todavía más prolongado.
La relación duró seis años y, según confesó la actriz, cuando comenzó el vínculo ella desconocía que ocupaba un lugar secundario.
Porcel le había presentado una historia que resultaba convincente. Albinoni era muy joven y creyó que el actor estaba separado.
Él le había contado que tenía un hijo extramatrimonial, pero habría ocultado su verdadera situación conyugal.
Durante los primeros años, Albinoni no sospechó demasiado. Porcel viajaba frecuentemente para realizar shows y aquellos viajes parecían formar parte de su rutina profesional.
Con el tiempo, sin embargo, la actriz descubrió que esos viajes también eran los momentos en los que él regresaba a su hogar junto a su esposa.
Para entonces, ella ya estaba profundamente enamorada y decidió continuar con la relación.
El romance había comenzado en 1981 y durante muchos años solamente fue conocido por un pequeño círculo de colegas.
Con el paso del tiempo, Albinoni también se convirtió en una de las personas que ofrecieron una mirada diferente sobre el carácter de Porcel.
Frente a las versiones que lo describían como autoritario o maltratador, ella sostuvo que su experiencia había sido distinta. Desde su perspectiva, no había conocido en el ambiente artístico a ninguna figura relevante que no ejerciera autoridad y prefería interpretar el comportamiento de Porcel como una forma de liderazgo y no de maltrato.
Las mujeres que denunciaron maltrato
Las historias sentimentales, sin embargo, eran solamente una parte de la controversia.
Varias mujeres del espectáculo hablaron públicamente de experiencias negativas con Porcel y describieron situaciones que calificaron como maltrato psicológico, humillaciones, acoso o abuso de poder.
Amalia “Yuyito” González fue una de las que más duramente se expresó sobre el actor, pese a no haber trabajado nunca con él.
“Porcel era un excelente artista pero una mala persona. Maltrataba y era muy egoísta con el trabajo”, afirmó.
Al mismo tiempo, hizo una precisión: aseguró que nunca se había propasado físicamente con ella.
El testimonio de Georgina Barbarossa fue diferente. La actriz aseguró haber sufrido acoso por parte del cómico.
Según su relato, el episodio ocurrió cuando estaba embarazada de sus mellizos y su marido, el “Vasco” Lecuna, estuvo a punto de golpear a Porcel al enterarse de lo sucedido. La situación terminó provocando que Barbarossa abandonara la obra teatral.
La actriz contó además un episodio de contacto físico no consentido y afirmó: “Me metió la mano en la cola, mal”.
En aquel entonces también circulaba en el ambiente una versión según la cual Porcel consideraba que las bailarinas que querían incorporarse a su staff debían pasar previamente por su cama. Esa versión describía una situación de presión y humillación aprovechando el enorme poder que el actor tenía dentro de sus producciones.
Noemí Alan también habló de su experiencia y aseguró haber padecido maltrato psicológico y humillaciones constantes.
Según su relato, Porcel tenía un enorme poder sobre los integrantes de sus programas y podía decidir quién continuaba en los sketches y quién quedaba afuera de acuerdo con su estado de ánimo.
Sandra Villarruel, una de las famosas “gatitas de Porcel”, también recordó situaciones que la marcaron.
Según contó, el actor utilizaba su posición como máxima estrella para presionar psicológicamente a jóvenes que recién comenzaban en el medio y buscar favores personales.
En una de sus declaraciones, hizo referencia incluso al estado físico en el que se encontraba Porcel durante sus últimos años.
“Él estaba en silla de ruedas y minusválido, pero para hablar mierd… de nosotras sí tenía conciencia”, afirmó.
El caso de Camila Perissé fue presentado desde otra perspectiva por Julio “Chino” Fernández, pareja de la actriz. Según Fernández, ella había dejado de trabajar después de rechazar determinadas propuestas relacionadas con Porcel.
Fernández sostuvo que Perissé había sido “prohibida” pese a tener un contrato de cinco años con la productora cinematográfica Aries y responsabilizó directamente al capocómico.
“Fue prohibida teniendo un contrato por cinco años, con la productora cinematográfica Aries por un señor que era un hijo de mil… que ya no está: Jorge Porcel”, afirmó.
Pero cuando habló del otro gran capocómico de Aries, su opinión fue completamente diferente.
Sobre Alberto Olmedo dijo: “Era un señor, la otra cara de lo que tiene que ser un ser humano. Lo llamabas a las tres, cuatro de la mañana y te preguntaba si necesitabas algo”.
Y justamente esa comparación permite entrar en uno de los capítulos más interesantes de la vida de Porcel: su verdadera relación con Olmedo.
Olmedo y Porcel: socios perfectos, amigos no tanto
Durante años, el público imaginó que Alberto Olmedo y Jorge Porcel eran grandes amigos fuera de la pantalla.
La química que mostraban frente a las cámaras alimentaba esa idea.
Pero distintos relatos vinculados con el ambiente artístico plantearon una realidad diferente: no necesariamente eran grandes amigos en la vida privada. Eran, eso sí, socios comerciales extraordinariamente exitosos.
La dupla funcionaba.
Y funcionaba muy bien.
Cuando aparecían juntos, parecían complementarse de una manera casi perfecta. Pero fuera de las cámaras sus personalidades, sus códigos y sus maneras de relacionarse con los compañeros eran descritos como muy diferentes.
Olmedo era considerado un hombre de perfil bajo, melancólico y especialmente generoso con los trabajadores técnicos. Los testimonios sobre él suelen destacar el cariño que despertaba entre sus compañeros.
Porcel, en cambio, tenía fama de soberbio, despótico, mal compañero y egoísta con parte del elenco.
También existían diferencias en la manera de entender el trabajo.
Olmedo fomentaba la improvisación y solía permitir que otros actores se quedaran con el remate de un chiste para que pudieran lucirse.
En el caso de Porcel, Noemí Alan había hablado de comportamientos que, según su relato, perjudicaban a otros compañeros.
También existían luchas de ego.
Según testimonios del ambiente, Porcel se habría quejado ante productores y llegó a afirmar que Olmedo era “un ancla”, mientras sostenía que el verdadero responsable del éxito humorístico de la dupla era él.
Sin embargo, a pesar de esas diferencias, ambos sabían que profesionalmente se necesitaban.
El éxito de uno estaba directamente relacionado con el del otro.
Y nunca trasladaron públicamente sus diferencias a la pantalla.
La muerte de Olmedo y el final de una época
La muerte de Alberto Olmedo, en 1988, golpeó profundamente a Porcel.
El hombre que había compartido con él algunos de los momentos más importantes de su carrera quedó profundamente afectado por la tragedia y le dedicó un emotivo poema de despedida, en el que reconoció a Olmedo como su compañero entrañable.
A partir de entonces, prácticamente comenzó a cerrarse la etapa de Porcel como gran figura del humor argentino.
Todavía tendría una última etapa televisiva importante en la Argentina, durante la primera mitad de los años noventa, cuando protagonizó en Telefe La Tota y la Porota junto a Jorge Luz.
Pero poco después llegaría una propuesta que cambiaría definitivamente el rumbo de su vida.
Estados Unidos.
Miami.
Y una nueva carrera.
Miami: televisión, restaurantes y una llegada inesperada a Hollywood
Porcel recibió una oferta para trabajar en la televisión norteamericana y decidió radicarse definitivamente en Miami.
Allí comenzó un ciclo llamado A la cama con Porcel, con el que intentó continuar su carrera lejos de la Argentina.
Pero la experiencia estadounidense tuvo además un capítulo cinematográfico que probablemente sea uno de los menos recordados de su trayectoria.
Porcel participó en Carlito’s Way, película protagonizada por Al Pacino y dirigida por Brian De Palma.
El actor argentino había conseguido así ingresar en una producción de Hollywood junto a una de las mayores estrellas del cine mundial.
También emprendió un restaurante de pastas en Miami.
Parecía que había logrado reconstruir su vida.
Pero mientras profesionalmente comenzaba una nueva etapa, su salud empezaba a deteriorarse.
El peso, el Parkinson y la transformación de Porcel
Porcel tuvo problemas de salud que fueron empeorando con el paso de los años.
Intentó distintas dietas para bajar de peso, pero no consiguió revertir su situación. Padeció diabetes y recibió el diagnóstico de Parkinson.
A esto se sumaron problemas de columna vinculados con su obesidad.
Con el tiempo, esas dificultades físicas llegaron a obligarlo a movilizarse en silla de ruedas.
La enfermedad fue cambiando completamente su vida.
El hombre que había pasado décadas rodeado de escenarios, cámaras, artistas y público comenzó a alejarse del espectáculo.
Y en ese momento apareció otra faceta que también marcaría sus últimos años: la religión.
Porcel comenzó a dedicarse al evangelismo.
Se convirtió en pastor, escribió libros basados en la religión y comenzó a revisar críticamente buena parte de su pasado.
Sus excesos.
Su vida anterior.
Su relación con las mujeres.
Su propia lujuria.
Era una transformación profunda para un hombre cuya carrera había estado tan ligada a un humor cargado de referencias sexuales y a un personaje construido alrededor de los excesos.
El artista parecía intentar encontrar, en la religión, una nueva manera de interpretar la vida que había llevado.
Los últimos días, lejos de la Argentina
Mientras su salud se deterioraba, Porcel se fue alejando definitivamente del mundo del espectáculo.
Miami se convirtió en su hogar y la Argentina quedó cada vez más lejos.
Hasta que el 16 de mayo de 2006 murió en esa ciudad.
Tenía detrás una carrera extraordinaria, una historia familiar conflictiva, romances que habían ocupado durante años las revistas y una etapa final marcada por la enfermedad y la religión.
Sus restos fueron trasladados a la Argentina y, horas después de su llegada desde Estados Unidos, fueron enterrados en el Panteón de la Asociación Argentina de Actores.
Pero la despedida tuvo poco que ver con la magnitud de la estrella que había sido.
Debido a su profesión de fe religiosa, la familia decidió evitar la tradicional capilla ardiente y realizar una pequeña ceremonia celebrada por un pastor evangelista.
La cantidad de figuras del espectáculo presentes también fue reducida.
No estuvieron muchas de las famosas “gatitas” que habían compartido con él sus años de mayor éxito.
Entre los compañeros de su troupe que se acercaron estuvieron Tito Mendoza, el Flaco García y Rolo Puente.
También estuvieron Olga, su esposa; María Sol, su hija; y su hermano, todos profundamente conmovidos.
Además participaron familiares de antiguos compañeros de trabajo que ya habían fallecido, como la hija de Juan Carlos Altavista y el hijo de Alberto Olmedo.
El hombre que terminó sin los aplausos
La imagen final resulta difícil de asociar con aquel Porcel de los años dorados.
Durante décadas había sido una de las grandes figuras del espectáculo argentino. Había hecho reír a millones, había llenado las salas de cine, había protagonizado programas de enorme audiencia y había construido junto a Olmedo una dupla que todavía forma parte de la memoria colectiva.
Pero también había acumulado conflictos.
Mujeres que hablaron públicamente de maltrato o acoso. Compañeros que cuestionaron su personalidad. Relaciones sentimentales clandestinas. Infidelidades. Un hijo extramatrimonial y una disputa familiar que terminó expuesta en los medios. Una madre que atravesó los últimos años de su vida en una situación económica desesperante. Y una carrera que, después de haber llegado a lo más alto, terminó desarrollándose lejos de la Argentina.
En Miami todavía tuvo la oportunidad de trabajar en televisión, abrir un restaurante y compartir una película con Al Pacino.
Pero las enfermedades fueron cerrando cada una de esas puertas.
El Parkinson, la diabetes, los problemas de columna y la obesidad terminaron alejándolo definitivamente de los escenarios.
Entonces llegó la religión.
Y con ella, una revisión de su propia vida.
Jorge Porcel murió en Miami el 16 de mayo de 2006. Fue enterrado en la Argentina, en el mismo país donde había construido su fama.
Pero el último adiós no tuvo las dimensiones de aquella carrera.
Hubo pocos artistas.
Pocos compañeros.
Una ceremonia religiosa íntima.
Y un silencio muy diferente al ruido que durante décadas había acompañado sus apariciones.
Quizás esa sea la última paradoja de Jorge Porcel: haber pasado una vida entera buscando la risa y el aplauso de millones y terminar sus días prácticamente apartado de aquella escena que lo había convertido en una estrella.
Su legado artístico quedó en las películas, en los programas de televisión y en la memoria de quienes todavía recuerdan sus personajes.
Su historia personal, en cambio, quedó atravesada por preguntas que todavía generan debate.
El Porcel que conocía el público y el hombre que describieron quienes estuvieron cerca de él parecían ser dos personas diferentes.
Y entre ambos quedó una vida llena de éxitos, amores, secretos, conflictos, excesos y contradicciones.
Una vida que comenzó entre aplausos y terminó, muy lejos de las cámaras, en un silencio que nadie hubiera imaginado para uno de los grandes capocómicos argentinos.







